El Marquesado del Zenete

Zenete o Cenete deriva de la palabra árabe Sened, que significa ladera y hace alusión a la enorme muralla natural de Sierra Nevada elevada sobre el altiplano. Impresiona esta imagen cuando se accede a esta comarca desde la Hoya de Guadix con sus cárcavas arcillosas y repentinamente surge al fondo de su inmensa llanura las cumbres nevadas de la sierra.

Esta comarca tuvo su importancia en la antigüedad como lugar de paso entre la costa y el interior peninsular, como lo atestiguan las vías romanas que las surcaron, y las fortalezas que jalonaban su recorrido; pero sobre todo fue su riqueza minera, sus plantaciones de moreras, su abundante agua y la calidad de sus pastos ganaderos, los que la convirtieron en un apetecible territorio.

La familia más poderosa de España, la del Gran Cardenal don Pedro de Mendoza, recibió de los Reyes Católicos este Señorío por los servicios prestados a la Corona durante la Reconquista. Lo heredó su hijo don Rodrigo de Mendoza, que fue el primer Marqués del Zenete, a cuya jurisdicción pertenecían las villas de Jeres, Lanteira, Alquife, La Calahorra, Aldeire, Ferreira, Dólar y Huéneja.

La Alpujarra

Pocos territorios de nuestro país tienen el atractivo y han despertado tanto asombro y emoción como la Alpujarra. Entre la enorme bibliografía que ha generado esta tierra hay una gama de autores ilustres impresionante, fascinados por su salvaje orografía, sus episodios de leyenda y sus costumbres ancestrales, que han recogido en sus obras retazos inolvidables de esta comarca: narradores (Gautier, Alarcón, Brenan), poetas (García Lorca, Calderón de la Barca), pintores (Gustavo Doré), viajeros (Richard Ford), botánicos (Boissier, Willkomm), ingenieros (Hertting), médicos (Olóriz), antropólogos (Caro Baroja, Spanhi), etc. En todos ellos late la admiración por esta tierra aislada durante siglos que ha conservado la autenticidad de sus gentes y sus obras, testimonios de increíble rusticidad y pureza en una escarpada geografía.

La Alpujarra abarca desde la vertiente sur de Sierra Nevada hasta el mar, y desde la comarca del Valle de Lecrín hasta la confluencia de los ríos Andarax y Nacimiento. Desde las cumbres más elevadas de la península hasta el Mediterráneo se suceden paisajes de una diversidad y un interés científico y humano muy valiosos. El patrimonio etnográfico que atesora esta comarca viene de su aislamiento, pero también de la influencia de diferentes culturas asentadas en su territorio, siendo el período musulmán el que dejó una huella más visible en el paisaje (construcciones, acequias, bancales…), que tanto caracterizan a esta región, pues no en vano permanecieron en esta durante ocho siglos.

Los contrastes a que da lugar esta elevada montaña con diferentes franjas de vegetación desde la nieve al mar, unido a la integración en el paisaje de sus poblaciones y elementos tradicionales, convierten a la Alpujarra en un paraíso de diversidad que seduce a cualquier viajero.

La comarca del Río Nacimiento

Atravesamos numerosos arroyos cristalinos que se despeñan por la encrespada orografía de la vertiente norte de Sierra Nevada, formando todos ellos la cabecera del Río Nacimiento, que da nombre a una de las Comarcas más ricas en historia y paisajes de Andalucía. Desde las cumbres nevadas del Almirez y los Peñones del Mediodía, hasta las cárcavas tortuosas de su cauce bajo, el Río Nacimiento es puro contraste entre los cortados de la sierra y los llanos del piedemonte, entre los bosques de pino y encina, y las desoladas ramblas arenosas. Del desierto al vergel conviven paisajes variopintos, como en su cultura, ejemplificada extraordinariamente en la diminuta Ermita de Padre Jesús, en Fiñana, donde encontramos asociados elementos arquitectónicos y decorativos de diferentes culturas sirviendo a un mismo fin religioso: sobre una planta romana unos arcos de herradura visigodos, unos paños de yesería nazaritas y en el mihrab una imagen del Santo Padre. Todo un compendio de culturas.

Delimitado su cauce entre la Sierra de Filabres y la Sierra Nevada almeriense, el curso del Río Nacimiento sigue el Pasillo de Fiñana, un corredor natural del cuaternario, paso estratégico entre Almería y la Comarca de Guadix. Con restos de asentamientos importantes desde la Edad de los Metales, es en la época romana cuando esta región despunta como nudo de comunicación importante (Fiñana, Abla, Las Tres Villas, etc.). Bajo la dominación musulmana se construyen numerosas fortalezas a lo largo de su vía, que luego pasaran a distintas manos en las intermitentes y sangrientas revueltas entre tropas árabes y cristianas.

En su recorrido final el Río Nacimiento rodea el extremo oriental de Sierra Nevada, entre un paisaje mineral descarnado y subyugante, donde el agua, el naranjo y la palmera componen con el blanco caserío escalonado una estampa africana tan seductora como los nombres de sus municipios : Alboloduy, Alsodux, Alhabia…).